El mal


Aquí como me ven, no soy una persona normal.

Mi vida, o lo que era mi vida, fue alterada con severidad implacable por un mal congénito que ha afectado a mi familia a un grado tal que desde que tengo uso de razón siempre nos han tachado de desequilibrados mentales.

Éste "mal" afecta, según dijo el doctor, a uno de cada tres varones de nuestro linaje y por lo general comienza a manifestarse cuando dejamos los tiernos años de nuestra infancia y empezamos el duro trance de convertirnos en adultos. Personalmente creo que el "mal" (a mi no me gusta decirle así, verán, me gusta, me agrada y me siento privilegiado de tenerlo) tiene su origen en años más tempranos, pero de seguro ha sido confundido con otros desaciertos de la niñez.

Yo recuerdo, o creo recordar, que los síntomas me han perseguido desde los 6 o 7 años, pero fue a eso de los 13 cuando mi situación fue visible a otros. Al principio me tacharon de grosero, maleducado y hasta de delincuente, luego dijeron que estaba loco, y ahora mi "mal" tiene un nombre: trastorno asociativo onírico, y en pocas palabras, quiere decir que no logro distinguir lo que es real de lo que he soñado. O sea que, lo que en realidad pasa puede que en realidad lo haya soñado, y lo que creo que he soñado puede que en realidad haya sido real.

Al principio no es más que una situación incómoda, como cuando le dije a mi mamá: "Fíjate que soñé el otro día que mi abuelito se había muerto". ¡Qué va! Si hacía sólo dos días que lo habían enterrado. O como cuando una señora que ya no recuerdo cómo se llama llegó a mi casa reclamándole a mi mamá que controlara al lépero de su hijo, que dejara de molestar a la niña, que si no que iba a saber quién es ella. Yo estaba segurísimo que la niña aquella había aceptado ser mi novia, pero al parecer sólo había sido en mis sueños.

Ahora que soy adulto y el problema persiste (dicen que se ha agravado, que hago y digo cosas extrañísimas), he optado por pensar que los buenos recuerdos son los reales y los malos simples sueños. Que en mi vida he sido un hijo ejemplar que da dinero a manos llenas a sus padres, que tengo un trabajo honrado, que todos me respetan y que puedo volar con sólo batir mis brazos. Y he decidido que nunca me ha perseguido un dinosaurio en el centro de la ciudad, que jamás he sufrido un accidente, y que por ninguna razón fui el que secuestró y luego tiró al rio el cadáver de una joven.

A veces me despierto terriblemente asustado y me controlo pensando en que, si bien no soy una persona normal, puedo llevar una vida normal. En ocasiones mis sueños son muy reales, como anoche que soñé que estaba recluído en una clínica psiquiátrica donde platicaba mi vida a otros desequilibrados mentales. Pero debió ser sólo un sueño, un mal sueño, estoy seguro.

2 comentarios ¡Publica el tuyo!:

Maria Jose dijo...

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Maria Jose
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