La Inspiración

Tenía tiempo que no la veía cuando de repente, a unos cuantos pasos de él, apareció.

Era La Inspiración, con quien en meses no había hablado. Juntos habían escrito líneas, párrafos, cuentos y novelas. Pero de eso, hacía ya casi el año.

Hoy había vuelto. Estaba sentada en pleno parque, mirándolo con fijeza. Él, con un movimiento de cabeza le preguntó. Ella, con un movimiento de cabeza le dijo que sí.

Por la forma en que lo miró supo que ese día podría ser especial. Se levantó de inmediato y se dirigió hacia ella.

-Tengo algo único, y es sólo para tí -dijo ella, y le ordenó: -¡Escribe!

Sólo hasta ese momento se dió cuenta de que no traía ni un lápiz con qué escribir. Debía conseguir de inmediato papel y pluma para capturar lo que La Inspiración tuviera que decir. Miró de un lado a otro. La papelería más cercana se encontraba a tres cuadras de allí.

-Vuelvo enseguida -le dijo. Y casi entre suplicios añadió: -No te vayas.
-No te preocupes -contestó La Inspiración, benevolente. -Yo espero.

Y con todas sus fuerzas echó a correr. No le importó empujar a la joven que, enfundada en su uniforme, hablaba despreocupada por teléfono, ni a la familia que resolvía no se qué problemas en plena calle; pasó por donde vendían frutas y la fragancia de los mangos mezclada con la de los duraznos le recordó su infancia por un instante. Pisó unos nopales que desde el suelo una pobrísima ancianita vendía. Tiró azucenas, violetas y rosas, y despertó una sarta de improperios en un idioma que no entendía. El semáforo fue bondadoso con él. Llegó a la papelería y casi a gritos pidió una libreta.

-¿De cuáles? -preguntó sin prisas la empleada de mostrador.
-¡La que sea! -contestó impaciente,

La empleada se dirigió al estante donde aguardaban decenas de libretas de todos los tamaños, modelos y precios. Tomó dos al azar.

-¿Como éstas? -preguntó

Una traía a un futbolista y la otra lucía a un sonriente Winnie Pooh.

"¡Cómo voy a llegar ante La Inspiración con una libreta de Wini Pú", pensó. Se tomó unos segundos para elegir algo presentable. Hizo lo mismo con el bolígrafo.

Su venir fue tan tormentoso como su ir, con la diferencia de un rostro conocido que le saludó.

Estaba por llegar. Y de lejos vió a La Inspiración impaciente, levantándose de la banca donde la había dejado. Corrió aún más rápido, ya no le importaba lo que pensaría la gente al ver a un tipo correr desesperado con una libreta en la mano izquierda.

Sólo le faltaba una calle por cruzar y su mirada completamente fija en La Inspiración le impidió ver el carro gris que en un instante le atropellaría.

Y La Inspiración, que sólamente había cambiado de lugar huyendo del sol, lo miró en el suelo, ya sin vida, con su libretita fuertemente sujetada por su mano izquierda. Lo miró y se entristeció. Pero su rostro no mostró ningún cambio.

-No te preocupes. -dijo en un susurro. -Yo espero.


Imagen: "Esperando la inspiración" de Mila Hajjar

4 comentarios ¡Publica el tuyo!:

Campanula dijo...

Que bonito, me encanto

Gibran Garcia dijo...

Gracias Campanula:

A veces un poquito de inspiración ayuda. O acaso no "se siente terrible querer desnudarte en letras y sin embargo no lograrlo"?

Me encantó esa frase.

●•• √эиuⓩ ••● dijo...

Me encantooo.. quiza por eso Inspiración se hartó de mi... :( por mis libretas ridículas!!! jajajajaja!!! Hermoso... tiempo sin pasar por aquí, pero como siempre... Tus letras me arrancan una sonrisa, un sentimiento y un pensar! Muchas grcias.. muchos saludos!

Gibran Garcia dijo...

Gracias a ti Venuz por leerme.